inicio

  presentación

  canciones

  conciertos

  artículos

  imágenes

  contactos

  libro de visitas

  myspace

  blog

  vínculos

  bar

 

 

  artículos

Revista Libros & Letras (Febrero de 2007)

 

HUELE A CANCIÓN

Por Daniel García

Bien. Estamos en la sala de mi casa escuchando ‘Alta suciedad’, de Andrés Calamaro.  Pongo en la mesa dos vasos y cuatro hielos para servirnos. ¿Servirnos qué? La idea de esta entrevista es que ni Tomás ni yo nos demos cuenta de que estamos realizándola. Lo mejor sería escuchar música y olvidarnos de este asunto. Justo eso hicimos, cerca de 8 horas, y también hablamos. Solamente saqué el grabador un par de veces en toda la noche; la primera, una grabación de 17 minutos, cerca de las 10, y la segunda, de 22, al filo de la madrugada. Creo que salió como queríamos. ¿Cómo no, si los vasos con hielo (etc.), eran los mismos, y teníamos el culo en las mismas sillas y seguíamos hablando, un poco de lo mismo, un poco de lo otro (pero de lo mismo, al fin), de lo que nos gusta y nunca, nunca nos planteamos decir nada importante aquí, nada trascendente, ni tuvimos ningún reparo acerca del futuro de esta entrevista. Y además, ¿qué es el futuro?

Solamente, por decir queda que, dos puntos, Tomás Betín es un cantautor de Cartagena que tiene 28 años, que es reposado para hablar y se da tiempo para responder. Lo último que diré es que el famosísimo recurso periodístico de poner la palabra ‘risas’ entre paréntesis para señalar que el entrevistado se río, está vez no funcionó. El entrevistado tiene este recurso en la cara todo el tiempo, a todas horas, y si no lo tiene, parece que lo tuviera.

Tomás, ¿por qué haces música?

Mira, yo empecé a escribir canciones a los 11 o 12 años. Hacía una especie de rapcito porque, en la costa, ¿sabes? somos muy negros, muy rítmicos, y el rap es una cosa muy rítmica. En ese entonces nadie me lo celebraba ni me lo renegaba muy en serio. Luego sí me lo renegaron y tuve que celebrármelo yo. ¿Por qué? Porque me gustaba, porque siempre me ha gustado la música, y yo sé que tú debes sentir algo de eso, men, y es que la música es una cosa indescriptible, y el hecho de que sea indescriptible, de que te produzca una serie de cosas que no puedes explicar, es maravilloso. Yo hacía las canciones sin darme cuenta de que las estaba haciendo ni por qué las hacía. A esa edad tú no sabes por qué haces las cosas: las haces por placer, y no sabes por qué. La razón más importante, a tu pregunta, es ésa: que no sabes por qué.

Cuéntame algo de tu niñez en Cartagena, lo que quieras…

Claro, men, claro. Había una pelada que me gustaba del colegio que se llamaba Diana. Yo por entonces leía… No recuerdo bien cómo era la cuestión, eran fabulitas griegas… maravillosas, con su moraleja y tal. Y, claro, cuando yo le iba a escribir la canción a Diana, yo no podía decirle Diana, ¿me entiendes? Y recuerdo que leí en algún lado, en alguna mitología antigua, que Diana significaba Diosa de la Luna, y le hice una canción bobísima, supremamente boba, a Diana, con ese nombre. Yo escribía sin decirle nada a nadie, nunca mostraba lo que hacía porque además me daba terror de que alguien me leyera o me escuchara. Eran terribles las canciones que hacía, no sabes cuánto. Y las boté. Gracias al demonio de Baudelaire las boté.

¿Te gusta Baudelaire?

Sí, Baudelaire me encanta. Lo descubrí en la universidad por medio de un amigo pintor. Mira, cuando uno está joven la cosa medio voyerista y trágica de la vida, a uno lo atrae, sin duda lo atrae, ¿me explico? esa cosa medio narcótica del personaje… te seduce. Luego sí, uno empieza a leer las cosas que escribe, esa perspectiva del flanneur… ¡Es maravilloso!

¿Soñaste alguna vez parecerte a alguien?  

Men, yo siempre he querido ser Charly García, yo quiero ser Charly. Alrededor de todo lo que yo he hecho está él. Charly es mi ídolo y mi bastión principal.

Cuéntame algo de '¡Oh Gloria!', el primer disco que grabaste.

Mira, ¡Oh Gloria!, fue un disco que hicimos con un grupo de amigos cuando estábamos en la universidad, allá en Cartagena, y con el que duramos siete años. Se llamaba Bar. Tocábamos mucho en Cartagena y en Barranquilla. Yo hacía canciones y tocaba el bajo. Al principio no nos paraban muchas bolas. ¡Oh Gloria! es un álbum crítico, contestatario, y por supuesto, muy inocente. Yo creo que cualquier cosa que sea medio crítica, en el tercer mundo, es inocente. Lo que pasa es que si tú lees los periódicos, ves los noticieros y esas cosas, quieres hacer una cosa parecida a lo que hace Antonio Caballero ¿me explico? Es muy difícil, men, porque la gente acá en el Chocó se está muriendo de hambre, es real. No es sólo en Haití, en Colombia, aquí, hoy.  

¿La canción ‘Turistas’ habla de eso no?

Sí. Esa canción habla de la Cartagena que no se ve en las postales turísticas ni en los planes de viajes, la Cartagena que está inundándose cada vez que llueve, la Cartagena pobre. Mira, mientras en el Hilton están sirviendo pescado yo no sé qué con salsas yo no sé cómo, hay una ciudad que se está muriendo de hambre. No es una frase de adorno, ni metafórica, es una frase real porque hay gente que se está muriendo de hambre. Además, en ese entonces estaban llegando los desplazados de las sabanas porque pensaban que Cartagena era la ciudad turística, o de mayor capital.

¿Cómo fue la experiencia de ‘Su sana…’, tu segundo disco, con relación al anterior?   

El primer disco es como tu primera novela. Es en la que te dice todo el mundo que tienes que meter todo, ¿me entiendes? Éste en realidad iba a ser el segundo disco de Bar, pero ellos no estaban muy seguros de continuar con el proceso, de todo lo que implicaba hacer la promoción, viajar, tocar, dejar de lado el estudio o la familia para dedicarle al disco el tiempo que merecía y necesitaba. En medio de la grabación se fue desintegrando la banda y cuando terminamos de grabar el disco, la banda se acabó. Por eso está con mi nombre. Creo que éste, con relación al anterior, es más atrevido en cuanto que no nos importaba tanto lo que pensara la gente. Dijimos: ‘vamos a hacer canciones que nos gusten a nosotros y punto’. En el anterior de alguna manera éramos adolescentes que leíamos los periódicos y que sabíamos que el país estaba mal; queríamos plasmarlo todo, estábamos enfadados y no queríamos posar como románticos pop. En el segundo en cambio te relajas, quieres buscar cosas más tranquilas, quieres escribir canciones de amor, hacer juegos de palabras, es decir, quieres darte esas libertades.

Háblame de ‘Interior Noche’, que fue, digamos, el hit del álbum.

‘Interior noche’ se la hice a una ex novia de la universidad. El título obviamente es la connotación bufa de este término guionístico y audiovisual. La grabamos con un trompetista que encontramos en la calle por azar (Gabriel “Boronó” Jiménez), el día de la grabación. Él estaba medio acicalado por las sustancias prohibidas de la noche, y eso le vino muy bien al disco. 

No me gusta la pregunta, pero te la voy a hacer. ¿Crees que el arte debe cumplir una función social?

Yo creo que el arte debe hacerte sentir, porque si tú lo haces es por que lo sientes. Cuando tú escribes plasmas cosas que sientes o que piensas, y lo que uno siente es lo que uno piensa, de alguna manera. Tú puedes estar pensando en la Revolución Checa o puedes estar pensando en la mujer que te mata con los ojos más divinos que jamás hayas visto, y eso es el arte, nada más.

¿Qué tienes entre manos, una rosa o una pistola?

Men, voy a hacer un disco más tranquilo. Mucho más reposado, pero también mucho más bonito. Un disco sobre las mujeres, sobre las relaciones, bueno, no sé… no quiero sonar tan ‘Cosmopolitan’. En realidad no sé mucho de este disco, y eso es lo que me gusta. El disco se va a llamar ‘Encuentros cercanos con la última tipa’. Es medio risible la cosa pero es también así de bonita. Tú nunca puedes olvidar tan rápido a la última, por más que estés con tres mujeres al mismo tiempo o estés con la mujer que amas. Es como ese recuento de amores, que todos tenemos. En realidad la última puede no ser literalmente la última, pero el pasado siempre te trae un perfume agradable en ciertas ocasiones, y eso es lo que quiero y de lo que creo que tratan estas canciones. Por otra parte, en este disco quiero alejarme un poco de esa cosa contestataria. Pero no porque quiera prescindir de ella, sino porque no quiero hacer énfasis en eso, quiero diversificar lo que hago. En los discos que yo había hecho antes hay muchas guitarras rabiosas, pero en este no, para nada, yo quiero hacer un disco tranqui, con guitarras muy tranquilas, con acordes intermedios, sol, la… acordes intermedios.

¿Sol, fa…? ¿Tomás? ¿Sol va? ¿Se fue? ¿Sol? ¿Cielo? ¿Agua? ¿Flor?

Se abre el capullo… apunta al fuego y dispara. Huele a canción.

 

 
 
 
 

compra el disco aquí                

 

 

consíguelo en

 

 

     

inscribe tu correo y recibe información de la página

 

www.tomasbetin.com

© todos los derechos reservados

cartagena - colombia