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artículos
El Universal
(Revista Viernes, diciembre de 2005)
A UN
POEMARIO CON SONIDO
Por Rubén Darío Álvarez P.
Más que el primer álbum musical del cartagenero
Tomás Betín, Su sana forma de darme su amor es también un poemario
que tuvo la fortuna de hacerse acompañar con electricidad de guitarras,
golpes, teclas, arte y gritería.
Porque si alguna cualidad hay que señalarle a
Betín -antes de catalogarlo como músico- es la de ser uno de los mejores
escritores jóvenes que han saltado a la escena cultural de Cartagena en los
últimos años.
Artículos suyos ya fueron publicados en
periódicos y revistas de la Costa Caribe, versando siempre sobre temas
culturales, pero especialmente sobre música; y más exactamente sobre rock,
la expresión que viene trabajando desde que hizo parte del grupo Bar, con
compañía de Juan Ensuncho, otro de los nuevos batalladores de las letras de
nuestra extensa región, aunque terca y discutible figura de la música.
Si por desgracia, el coleccionista que adquiera
este trabajo discográfico no es amante del rock en español, por lo menos
puede recrearse leyendo párrafos vigorosos como los de la canción titulada
Shakespeare: "Si tú fueras mi reina/yo sería tu chofer/tu mafioso con
cadenas/tu physical trainer./Cuando seas mi corazón/tu hígado seré/tu
implante de silicón/tus rodillas, tus codos, tus pies...".
Suelen ser canciones duras, a veces extrañas y
dolientes. O, como dice el mismo Betín, "... simplemente son el resultado
natural de una sana libertad de creación que me permite desaburrirme de mí
mismo. Son canciones del alma, hechas con más calma, que no son bobas, ni
están al servicio del mal del mundo, que es todo lo que se hace sólo con un
fin material. Son músicas y letras sobre diversos temas: el amor, el humor,
la injusticia y los injustos, el dolor, la locura, la sensualidad y la
muerte".
De todas maneras, y sea cual sea la percepción
que se tenga de un trabajo musical como el presente, Tomás Betín desde hace
tiempo integra esa explosión socio-cultural de cartageneros que vienen
abriéndose espacio con nuevas palabras, voces recién inventadas para
despertar de un solo campanazo a todo lo que esté dormido en el entorno.
Si un cuchillazo como la segunda estrofa de la
canción Dr. Oga no es capaz de interrumpir la amnesia de la piel, que
lo haga entonces el puntilleo de las guitarras en medio de un concierto al
atardecer: "Vienen los años veinte/¿quién será el criminal?/la edad media se
siente/nena, te voy a embrujar". |