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Náufragos Urbanos
(Marzo de 2006)
"BETÍN
ES UNA FALLA DE ORIGEN": TOMÁS BETÍN
Por Juan Ensuncho
Bárcena
Si yo hubiera sido Julio Cortázar, habría escrito más de una vez este
libro. Si yo hubiera sido Charlie Parker, habría tocado el saxo siempre
“pasado mañana“. No encuentro mejor testimonio de la pasión por la música
y la amistad en el siglo que pasó. Si yo hubiera sido libro, habría sido
sin duda El Perseguidor.
Pero como no soy ni Cortázar, ni Parker, ni Perseguidor, me conformo con
ser este saco de huesos, hablarles de Tomás Betín y de “Susana forma de
darme su amor”, su primer disco como solista.
El Personaje
Tomás Betín hace parte de la generación que creció oyendo Hombres G, Los
Prisioneros, Soda Stereo, Charly García y los demás grupos que conformaron
lo que se conoció a mediados de los ochenta como el “rock en español”.
Esta corriente de renovación musical, proveniente del sur del continente
surgió poco después del retorno a la democracia en Argentina, como
respuesta a la guerra de esa nación contra Inglaterra por la posesión del
archipiélago de Las Malvinas. Guerra que parecía ser la de David contra
Goliat, pero finalmente triunfó un Goliat orgullosamente poderoso ante un
David poderosamente orgulloso. En plena guerra, las juventudes argentinas
inmersas en la guerra fría y en los inicios de la homogenización del mundo
alrededor de Mac Donalds y MTV, sintieron la necesidad de expresarse en su
propia lengua, aunque con instrumentos prestados a los vencedores. De allí
nació el “rock en español”, fenómeno mediático y fonográfico que abrazó a
todo el continente.
A Colombia llegaron estos aires de cambio en el gobierno de Virgilio
Barco, viejo presidente al que recordamos porque casi no le entendíamos
los discursos aún cuando hacía un gran esfuerzo para hablar claro. El país
acababa de sufrir los atroces crímenes del Palacio de Justicia, el
terremoto de Armero y la visita del Papa Juan Pablo II. Se hablaba de
responsables, había mutuas acusaciones y nadábamos en un río de
incertidumbre. Pero como los ríos revueltos desembocan en mares no
propiamente translúcidos, unos señores - desclasados pero con fortuna -
aprovecharon el escenario para hacerse socios de otros señores -
desfalcados pero con clase -. Como consecuencia los primeros tuvieron
acceso a los clubes sociales, compraron a las reinas de belleza y poco a
poco se apoderaron del país. Más tarde aquellos benevolentes fueron
denunciados por estos ingratos como “narcotraficantes”. El negocio había
sido en vano. Entonces los primeros le declararon la guerra a los segundos
y estalló la época conocida como “narcoterrorismo”. Bombas vienen, bombas
van, muertos por aquí, muertos por allá. Pero los adolescentes de
entonces, cansados del ruido, cogíamos el walkman y nos echábamos a andar
por las calles entusiasmados con una nueva música: el rock en español. “En
la calle, algo bueno va a pasar, ven sal a la calle, sal a caminar”, era
la invitación que nos hacían Juancho y Piyo de Compañía Ilimitada para que
dejáramos el pánico y nos tomáramos la ciudad, cualquiera que fuera.
“Siempre oí desde niño Charly García, Soda Stereo, los Beatles, los
Stones, bossa nova, Joe Arroyo y Alejo Durán. No soy un gran cantante o un
gran músico, soy un compositor que canta y toca sus canciones”, ha
dicho Betín.
En Cartagena de Indias, Negras y Mestizas, un jovencito regordete,
indisciplinado pero inteligente, llenaba sus cuadernos del colegio con
canciones. Tomaba clases de guitarra y teclados motivado por su bondadosa
madre, con el descrédito de su impenetrable padre; la razón, de este
último: el temible ruido de sus clases se extendía por la tradicional isla
de Manga, desde la casa con patio poblado de mangos todo el año.
“Compongo canciones desde los doce años quizá, aunque más en serio
desde los dieciséis cuando tuve mi primera banda de rock en el colegio.
Nunca duré mucho en las clases ni de guitarra, ni de bajo ni de piano, y
de ahí mi feliz atrevimiento de hacer discos y demás. No obstante a este
empirismo rampante, sé que debo aprender mucho, más y mejor.”, nos
dice Tomás con su honesta modestia.
Al finalizar el colegio, viajó a Bogotá, la capital del país, a cumplir su
sueño de artista, pero la ciudad no le sentó bien a su temperamento.
Decidió entonces regresar a su ciudad natal a empezar estudios de
periodismo.
“Estudié periodismo porque era una buena manera, o alternativa, de
ganarme la vida escribiendo, que es lo que más me gusta además de hacer
canciones, y a pesar de lo que digan, representan para mí actividades que
no distan entre sí”, ha dicho, hermanando el periodismo con la
música.
Precisamente en su época universitaria reanudó su interés por la música a
través del contagio del virus, es decir, a través de grupos varios que
tenían nombres impronunciables como “Inodoro de manzana”.
“En 1998, con cuatro amigos estudiantes de literatura, filosofía y
periodismo formamos “Bar”, una banda cartagenera que duró más de siete
años y con la cual sacamos nuestro primer disco independiente, “¡Oh
Gloria!” del cual hice los bajos, la voz y compuse nueve de los diez temas
que lo conforman, entre los que estaba “Viernes 13”, un tema a raíz del
asesinato de Jaime Garzón, con cuyo videoclip nos hicimos medianamente
reconocidos en el circuito rockero del país.”
De esa época de BAR, son muchas las anécdotas que guarda, especialmente
una ocasión en la que descubrió con sus compañeros que el sentido último
de la existencia era tomarse un sancocho de gallina, durante la resaca. El
hallazgo lo hicieron al interior de un cajero automático, mientras
esperaban la gloriosa venida del turno para tocar en un encuentro rockero.
“Con BAR tuve la posibilidad de pasarme un gran y buen tiempo
ensayando, conviviendo, aprendiendo, tocando, viajando, emborrachándome,
cargando parlantes e instrumentos y recibiendo la expectativa de la gente,
sus apoyos y rechazos, siempre maravillosos y contundentes.”
Fueron siete años de buenos tiempos, complicidad, hermandad y uno que otro
problema típico de cualquier banda de rock. Por ejemplo, con el vocalista
de esa época a quien se le subió el estrellato a la cabeza antes de sonar
siquiera en la vecina población de Turbaco. Por supuesto, salió de la
banda. Pero no fue el único, cuatro años después de su salida, la banda se
desintegró. Cosa que a Tomás le planteó un reto.
“Dos meses después de haber terminado de grabar los diez tracks, se
terminó BAR, el grupo con el que supuse íbamos a sacarlo –y que hubiera
sido nuestro segundo álbum-, entonces tenía tres opciones: guardarlo en un
cajón, sacarlo con el nombre de un grupo que ya no existía o sacarlo con
mi nombre. Y me sonó rarísimo, altanero y avasallante, pero ahí está. A
finales del año pasado publiqué “Su sana forma de darme su amor”, mi
primera producción como solista, luego de la separación de BAR. Este es un
disco de diez temas diversos y de los que puedo decir que hice con mucha
libertad y frescura.”
Lo que más sorprende de Tomás es que, después de tantos años de ser su
amigo aún no me atrevo a catalogarlo, a ponerle ninguna etiqueta, prefiero
que lo haga él mismo.
”Me puedo autocatalogar como un cantautor rockero, caribe,
cartagenero, colombiano, que trata de hacer música sin pensar en los
mercados, en los géneros, en las susceptibilidades, es decir, trato de ser
honesto conmigo mismo porque me parece que es la mejor forma de respetar
al público. Trabajo obsesivamente en las letras y trato de no ser
facilista con la música.
“Haré música toda mi vida, de una u otra forma,
porque es lo que hago y es lo que soy. Mejoraré en el futuro y me reiré de
mí después, para no llorar y para no fastidiarme, o al menos lo pensaré en
el saludable intento.
El Disco
Después de escuchar muchas veces, una y otra vez, durante varios meses,
puedo decir que “Susana forma de darme su amor” es un disco que tiene la
fuerza, el carisma, la ternura, el dolor, la ruptura y la coherencia para
llegar a ser símbolo de comienzos de siglo en nuestro país, incluso en
nuestro continente; referencia para conocer una nueva generación de
artistas que no traga entero, a pesar de los “reality shows”, la
globalización, el Tratado de Libre Comercio, la reelección presidencial y
otras falacias.
“No están concebidos los temas con una intención a priori de ser
protestas sociales ni propuestas comerciales. Simplemente son el resultado
natural de una “sana” libertad de creación que me permite desaburrirme de
mí mismo y de los motivantes esquemas. Son canciones del alma, hechas con
más calma, que no son bobas, ni están al servicio del “mal del mundo”. Son
músicas y letras sobre diversos temas: el amor, el humor, la injusticia y
los injustos, el dolor, la locura, la sensualidad y la muerte.”
Betín tiene claro cuál es su mensaje. Qué es lo que dice y quiere decirle
al mundo, a pesar de que muchos prefieran el ruido.
“All you need is love, dijeron los Beatles, y es cierto. La
palabra “amor”, tan sólo en su condición de palabra, es muy poderosa a
través de todas sus variables y aplicaciones, por eso le puse así al
segundo track y al disco, y decidí que ese segundo era el primero que
había que mostrarle a la gente. La robada teoría del “mal del mundo” es lo
contrario a la del “love is all you need”, y su praxis es el hábito de
todas las cosas que se hacen sin alma, que se hacen sólo con el impulso
premeditado de ganar dinero a cualquier costo, de adquirir poder, fama,
vanidad y otros pecados postcapitales, y va desde hacer música hasta
fabricar plásticos en una empresa, desde vender gafas en la playa hasta
escribir guiones para televisión. “
En apariencia humorista, cómico, liviano, las palabras de Tomás nos
conectan con eso de utopía que aún persiste en los jóvenes de un
continente con ganas de crecer, de cumplir con su destino. Heredero de las
conquistas de la generación que le precede, Betín es contundente al hablar
de la sociedad de consumo, eso que tantos y tontos proclaman como la única
verdad posible.
“En el caso del arte su alcance es nefasto, porque tienes la
posibilidad de influir directo a la cabeza y al corazón de mucha gente, y
si le haces el juego a eso, terminas siendo un perpetuador de los
artificios de nuestro tiempo, acabas por publicitar el consumo, la
banalidad, la indolencia, la belleza inútil y las modas pasajeras. Y es
posible, en cierta medida, que resulten peores conductores de nuestra
sociedad estos comportamientos que el terrorismo o la delincuencia, y
quizá hasta los originen en el enfrentamiento con las dramáticas carencias
de mucha gente en el planeta. Así que hacer estas canciones provistas de
amor me pareció bien.”
Las diez canciones del álbum son distintas las unas de las otras. No
hay dos que se parezcan, sin embargo, en todas hay unidad de criterio, de
corazón.
“El primer tema, Shakespeare, pasó de ser una broma sobre los
clichés de las canciones de amor a convertirse en una de ellas. Su
sana forma de darme su amor es un tema sensual, de mucho juego, jugo y
sabor. Tu querer en el viento es un tema que nos gusta tocar –a
la banda- y que está en otro ámbito de expresión con respecto a los demás.
Interior noche es una bonita historia con la ventaja de la
simpleza interpretativa. Caja menor es la historia real y del día
a día de los niños de la calle, y lo único que me acuerdo del niño que la
inspiró es que cargaba un muñeco de Batman por toda la Avenida San Martín.
Let’s play fue un intento de burlarnos de nosotros mismos, de
BAR, como banda supuestamente contestataria y otras cosas más, cuando se
empezaban a llenar los conciertos de niñas de buena familia. No me
jodas es la canción más puesta en perspectiva contra el sistema de
gobierno del mundo civilizado, el cual carece de toda sensibilidad.
Canción irreal es posiblemente un atisbo de lo que opinen los muertos
de la guerra en Colombia y de nuestros reyes. Dr. Oga intercede
por la legalización de las drogas como camino hacia las libertades y hacia
el fin de una de las violencias más en boga. Y Libia, hecha en
vivo con un primitivo pianito rhodes, es un regalo para Libia, quien es un
regalo para mí.”
Al preguntarle sobre alguna técnica compositiva, o sobre la planeación de
su segundo disco, Betín saca a relucir su espíritu divergente.
“Me gustó hacer las canciones sin pensar en un
género musical, sólo en música. Aunque me no me disgusta pensar que
provienen del rock n’ roll, también soy consciente y disfruto siendo
consciente del Caribe y el folclor colombiano. No me arrepiento de poder
ser un atrevido hilarante que ahí les pone unas canciones, menos
esquizofrénicas que yo, desde mi alma hasta las suyas, y bolsillos
también, tan independientes como el disco, porque lo que necesitamos es
amor, sano y de qué forma.”
La Entrevista
Después de mucho darle vueltas al asunto, entrevistarlo un par de veces
con grabadora en mano, hablar, hablar y hablar mucha carreta sobre el
disco, sobre la música, sobre el cielo, el infierno y el purgatorio, es
decir, luego de hablar mucha mierda como decimos en la costa, se me
ocurrió que la mejor forma de obtener respuestas de un amigo es a través
del Chat.
Lo cité entonces un domingo a las 11 de la mañana, con el temor de que
alguno de los dos incumpliera por el respectivo guayabo, pero,
increíblemente estábamos sobrios y listos para el encuentro cibernauta,
puntuales.
Listo, viejo, gracias por aceptar esta entrevista vía-Chat... ¿qué te
Tomás?
Lo que sea que no se apellide Betín.
¿Te tomás algo en serio? digo, ¿qué te produce seriedad?
Las entrevistas.
¿Qué te provoca risa?
El espejo.
¿En qué estado estás ahora?
En uno de los desunidos de Suramérica.
¿Desunidos o desnudos?
Desayunados.
¿Arrancamos con la política? o terminamos acá?
No sé.
Digo, hay una constante preocupación política en tus letras, es en serio,
en broma, hace parte de tu estilo, es un gancho para llegar a más gente o
¿todas las anteriores?
Ninguna de las posteriores, yo no sé si es políticamente correcto,
pero es real, está en la realidad, yo no me lo tomo como un tema, como que
voy a hablar de “las coyunturas del ánimo de los cocodrilos en Chinú”… no,
hablo de las cosas porque me parece que tengo, quiero y puedo hacerlo.
¿Betín es de origen italiano? francés? español? o incierto?
Betín es una falla de origen.
¿Y dónde está la falla?
En los demás, por supuesto...
Hablemos de los orígenes... ¿cuál era tu puesto en el bus del colegio?
Uno que estuviera vacío.
Empezaste con lo de la música en el colegio… ¿quién fue el o la culpable?
Mi abuela, que me cantaba de todo en la hamaca del patio de mi casa, y
mi papá también. Mi mamá me compraba instrumentos de juguete, y luego oigo
al Joe y Menudo, y hay una cosa indescriptible en la sensación que ese
sonido te produce y creo que automáticamente yo quería producir esa
sensación en los demás, y sabía que podía hacerlo, como todo buen
neurótico. Empecé en el colegio con una banda de amigos, muy mala, sin
hacer mis canciones, sólo algo del heavy metal o hard rock del momento.
Nos llamábamos "Eduardito y los pelo rucho".
... ¿y quién era eduardito? ¿Y los demás?
En realidad yo conocía bien a Freddy Succar, un amigo del colegio a
quien le gustaban los Gun's and Roses, que no me mataban, pero quería
tocar ya en una banda, supongo que tenía como 14 o 15 años… entonces él
tocaría la guitarra y yo el bajo. Necesitábamos un guitarrista talentoso
de verdad y un baterista, y el guitarro era Eduardito Bossa, un gran
talento, y el batero no me acuerdo, pero eran dos integrantes de otra
banda que se llamaba "Pacman, el putrefacto" y sólo ensayaban con nosotros
de vez en cuando para los toques del colegio y esas cosas, igual creo que
esa banda duró como un año, creo.
Tu abuela, tu papá, tu mamá, Joe Arroyo y Menudo son tus más tempranas
influencias... ¿qué queda de ellos en tu música?
Lo gay de Menudo siempre estará en mí, irrevocablemente, el Joe tiene
esa magia del sabor y lo místico al mismo tiempo, como el bossa nova. De
mi abuela, mi papá y mi mamá quedan el arrepentimiento por haberme llevado
hacia la música.
¿El músico nace o se hace?
El músico es un impase.
¿Cuándo te convenciste de que eras un músico?
Cuando estudié periodismo. Claro, no un músico, en el buen sentido de
la palabra, si no en el malo, claro...
Precisamente es mi siguiente pregunta: ¿por qué decidiste estudiar
periodismo? ¿La necesidad de mentirse...?
De mentirle a los demás, es que yo primero estudié dizque publicidad
en Bogotá y fue un fracaso, pasaba borracho, loco y solo, así que me
regresé con una gran sensación de fracaso a mi casa luego de un semestre.
Eso me hizo encerrarme a leer y a putear, y no encajaba, es decir, nunca
encajé pero ahora era más nítido el desencaje, luego necesitaba que me
dejaran de joder, que era un vago, que no sé qué, como si no lo supiera, y
bueno, periodismo, podía vivir escribiendo cosas, y mantenido en mi casa,
mientras me embriagaba y hacía canciones, así que por qué no, igual en la
universidad conocí buenos amigos, cosas que te ayudan a beber, como tú,
ángel, etc.
Ahora, después de dos discos en tu haber, ¿cómo te ves a ti mismo: como
músico, como rockero, como cantautor, como un humorista o como un tipo
inteligente que hace música...?
Me veo como un cantautor inteligente que hace
música, a veces rock y eso me da risa.
¿Es para
ti importante el fracaso? ¿Qué piensas del éxito?
El éxito es un almacén, yo creo en la mejor manera de vivir según uno
mismo y las circunstancias.
¿... y el fracaso? ¿Qué es?
Es un caso en frac.
¿Qué leías en las épocas de encerramiento?
Libros de superación personal, siempre he leído eso y para eso, de todo
un poco.
¿Algún autor al que regreses siempre? ¿Alguno que persigas por instinto?
¿Alguno que no te deja tranquilo después de leerlo?
Tengo épocas creo, a veces Camus, a veces Benedetti, Capote, cosas muy
conocidas. Supongo que siempre estoy leyendo cosas que los que leo me
impulsan a leer, Whitman es un gran placer, hojas de hierba...
¿Cuál es el escritor más cómico?
Yo creo que Bukowski, por viejo, dolido, infranqueable.
¿El más irónico? ¿El más pesado? ¿El más idiota?
A mí me parece que, en orden: Dostoievski, Borges y yo.
¿En qué sentido te parece pesado Borges?
Porque es muy inteligente, y muy tierno al mismo tiempo, y eso es
difícil para mí.
Has escrito un par de novelas, cuentos, poemas... ¿qué ha pasado con tu
Literatura?
Que no me gusta tanto como antes, es decir, que lo que leo ahora que
escribí antes me causa algo parecido entre el horror y el humor, y no me
pasa eso con las canciones que hice al mismo tiempo. Uno tiene cosas que
expresar y puede hacerlo por donde pretenda, pero yo prefiero no
pretenderlo.
¿Y tus crónicas? ¿Abandonaste el periodismo? Algunos de los autores que lees
se movían entre la literatura y el periodismo... ¿lo descartas para ti?
Puedo hacerlo con canciones, igual que la literatura, aunque parezca una
respuesta de lugar común, pero es así. No soy un buen periodista, no soy un
buen investigador, soy descuidado, pero tengo una intuición poderosa y sé
cómo llenar los ambientes de las cosas que quiero decir en las canciones, y
no así en la escritura sin música, yo necesito complementar las vainas, no
sé cómo explicar eso pero, no sé, soy un periodista musical y un escritor
musical, no me molestes más con eso que no estoy de humor.
¿Te molesta o cansa hablar de ti?
No, es una pose, tú lo sabes.
¿De qué posas? ¿De niño bueno? eso te resulta con las chicas, ¿cierto...?
Y sobre todo, con los chicos, y los grandes, ¿ves?, también poso de gay,
pero es más por el charm, por la elegancia, yo poso de loco y estoy en un
pozo porque lo estoy medio y todo pos oh!, qué problema, en pos de tu salud,
o salió la o…
En el mundo de la música de hoy, ¿posar de gay ayuda?
Sí, los gay tienen gran poder adquisitivo y son
muy sensibles.
¿Y las
chicas? ¿Cómo te va con ellas en los recitales?
Más o menos, tengo novia, y no me esfuerzo mucho por levantar nada.
Antes tampoco lo hacía, soy muy orgulloso y espero que aniquilen, y además
soy muy inseguro y siempre tengo tufo, así que es incomprensible ese terreno
del cortejo para mí, pero a veces me va bien.
Ahora escucho "Libia" ese poema-musical-experimental... ¿has encontrado en
ella lo que nunca encontraste?
Sí, ella me hace ser un mejor tipo, incluso mejor que yo.
¿Hacia dónde vas ahora como creador, cuál es tu próximo paso?
Seguir haciendo música. Ojalá que este disco me de para hacerlo. (Nos
encontramos dos mil pesos tirados en la calle). Eso es una buena señal. Yo
nunca voy a ser un músico que va a llenar estadios ni ese tipo de cosas.
Lo tuyo es más de recital. Para un grupo pequeño. ¿Te ves más como un
autor de culto que como un autor de masas?
Sí. Mientras la mentalidad de los medios no cambie, sí. Me veo más
cercano a artistas como Pedro Guerra, Spinetta… con Charly y Fito pasa una
cosa y es que ellos son conocidos hace mucho tiempo. Por ejemplo, Pedro
Guerra no llena estadios, pero cada vez que saca un disco tiene éxito: gente
que lo compra, que lo sigue, él se mueve en un circuito de conciertos en
España y Latinoamérica. Mientras el mundo y los tiempos no den un viraje
hacia lo que fueron los sesentas, por ejemplo, donde les importaban otro
tipo de cosas en el arte, en la música y en las ideas sobre la sociedad, mi
música será así. Lo que yo espero es poder seguir haciendo música.
¿Con quién te gustaría hacer canciones o estar en un escenario?
Con Charly, pero sería muy fácil que me sembrara una silla en la cabeza.
Con muchísima gente, pero me da vergüenza porque mi nivel musical no está a
su altura… pero con Spinetta, Calamaro, Sabina, Pedro Guerra, Fito, incluso
en Colombia con Vives, Cepeda y con mis amigos: contigo, con Rodrigo, Nino,
Norbey.
¿Lo tuyo es una música pa los amigos?
Sí, finalmente uno hace música para los amigos. Una vaina que le escuché
a García Márquez que uno hace cosas para que los amigos lo quieran más, y
allí hay una serie de complicidades, referencias que están ahí, que son pa
los amigos y pa la gente cercana.
Tu nuevo disco suena con la simplicidad, encanto y complicidad de los
setentas... ¿has escuchado mucha música de esos años?
Ey, creo
que me quedan 5 minutos, es imposible lograr una buena entrevista conmigo,
somos amigos y yo nunca soy yo, ni tú tampoco, pero bueno, sigamos
intentándolo. Sí, oigo cosas viejas, me gustan los sesentas y los setentas,
mucho, y antes de eso el blues y el jazz, y algunas cosas más atrás de
nuestra tierra… (La música no da para las entrevistas por Internet).
¿Algo más
para comentar? ¿Para aclarar o para oscurecer?
Que te coma el perro, y espero tomar venganza de esto algún día cuando
ya no me dé vergüenza ni el periodismo ni mi amistad contigo.
Y yo que
quise ser Cortázar…
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