BAR

la banda

bar

bar fue la banda de rock cartagenera que tomás betín lideró durante siete años, los mismos que este grupo estuvo tocando en algunas ciudades del país su rock n' roll de crítica social, poesía y desparpajo. 

sus últimos integrantes fueron nino rodríguez en la guitarra y los coros, norbey cervera en el bajo y los coros, juan carlos lemus en la batería, nacho blanco en la guitarra y los coros, y tomás betín en los teclados, la voz y la composición de las canciones.

en el 2003 grabaron su primer trabajo discográfico, ¡oh gloria!, parodiando el estribillo del himno nacional colombiano, con diez temas entre los que se destacó “viernes 13”, un homenaje a jaime garzón, humorista político asesinado por los grupos paramilitares del país. el videoclip de este tema, dirijido por el escritor y realizador juan ensuncho bárcena, dejó una profunda huella en las ciudades en que estuvo en programación.

el álbum, de carácter independiente, rotó en algunas emisoras, canales de televisión y páginas web rockeras de las ciudades de bogotá, medellín, manizales, bucaramanga, barranquilla, popayán, cúcuta, montería, neiva y cartagena, entre otras.

en un bar del centro (2001)el grupo nació en 1998 con el bajo y los temas de tomás betín, la guitarra de nino rodríguez, la voz de juan ensuncho y la batería de juan carlos lemus, que eran unos universitarios estudiantes de filosofía, periodismo y literatura, respectivamente, que empezaban a ensayar y a tocar en bares y festivales de la ciudad.

en agosto de 2000 se incorporó a la banda como segundo guitarrista nacho blanco, mientras llegaría el festival salón rockero 2001, en la sala de teatro luneta 50 de barranquilla, en el cual realizarían su primera grabación en vivo con once de las canciones más importantes de esa época.

los medios de comunicación no son ajenos a los pasos de esta banda y la revista capitalina shock registra a bar entre su sección de rockombia, escribiendo que sus canciones “reflejan a una banda que hace de la ironía su mejor arma”; y en palabras del periódico local El Universal constituían “una controvertida banda cartagenera, que impacta por la fuerza de contenido cotidiano que tienen sus letras”.

en septiembre de 2001 salió de la banda juan ensuncho y las voces pasaron a ser interpretadas por betín, rodríguez y blanco. luego, en noviembre de 2004, ingresó norbey cervera a tocar el bajo, por lo que betín pasó a hacer los teclados y algunas guitarras.

tras las rejas (2002)rock n’ roll, blues, folk y funk, eran los géneros recurrentes en sus conciertos. así mismo, sus influencias provenían de iconos históricos como the beatles, the rolling stones, the doors, charly garcía, fito páez y luis alberto spinetta.

luego de grabar lo que sería el segundo álbum, algunos integrantes manifestaban sus dudas con respecto a dejar la universidad y dedicarse a la promoción, los conciertos y demás tareas que la nueva grabación requerían, así que betín decidió, en acuerdo con los demás integrantes, disolver la banda y dedicarse a hacer música en solitario.

bar se despediría de los escenarios el 2 de julio de 2005 en un concierto de aniversario del reconocido bar rockero, león de baviera, en la ciudad heroica.

 

 

baja las canciones

1 - ¡oh gloria!    (letra) (bajar) portada del álbum ¡oh gloria!

2 - turistas    (letra) (bajar)

3 - viernes 13    (letra) (bajar)

4 - opereta    (letra) (bajar)

5 - canción do amor    (letra) (bajar)

6 - breve historia circense    (letra) (bajar)

7 - siete ojos    (letra) (bajar)

8 - si hoy nos vamos    (letra) (bajar)

9 - sátiro y ninfa    (letra) (bajar)

10 - canción de final de siglo    (letra) (bajar)

 

 

 

 

 

 

mira los videos

1 - videoclip de turistas (mirar)

dirigido por david covo

2003

en la grabación del videoclip "turistas" (2003)

 

2 - videoclip de viernes 13 (mirar)

dirigido por juan ensuncho

2004

 

3 - videoclip de ¡oh gloria! (mirar)

dirigido por zamkary y echenique

2005

 

 

 

Bar o los sentidos de la ciudad

a John Steer Varela,rockero que habita otra dimensión

por Javier Ortiz Cassiani

Ocho siglos antes de que Hemingway sublimara las borracheras y volviera célebres los daiquiris sin azúcar y con doble dosis de ron en el bar La Floridita de la Habana, y que Bueñuel se refiriera al bar como un ejercicio de soledad, los Goliardos, unos intelectuales aventureros que desafiaban las jerarquías feudales, habían hecho de la taberna su sitio predilecto.

En su poesía, cargada de sensualidad y celebración de los placeres profanos, la taberna aparecía como un lugar vital: Quiero morir en la taberna/donde los vinos estén cerca de la boca del moribundo/Luego los coros de los ángeles bajarán cantando/“que Dios sea clemente con este buen bebedor”.

El grupo cartagenero de rock, Bar, parece recoger esa tradición de literatura, taberna, cine y música.

Bar, que adopta el nombre al considerar que ese sitio ofrece la complicidad y la estética necesaria que desacraliza lo trascendental y le otorga una dimensión cotidiana, íntima y vital, es una propuesta musical que nació en marzo de 1998. Sus integrantes son Tomás Betín, voz, bajo y compositor de la mayoría de los temas; Nino Rodríguez, voz, guitarra líder y arreglista; Nacho Blanco, guitarra rítmica y voz; y Juan Carlos Lemus, batería.

Desde su creación han tocado en bares, discotecas y universidades de la ciudad. En el mes de febrero, del año 2001, participaron en el Festival ‘Salón Rockero 2001’, que un grupo de roqueros barranquilleros, en un acto en el que se confunden la osadía con la insensatez, organizaron en pleno Carnaval de Barranquilla en la sala de teatro Luneta 50.

En medio de las gaitas y los tambores, las guitarras eléctricas y baterías se abrieron paso y el grupo ganó en madurez y buenos comentarios al punto de ser reseñados por la revista Shock en su sección ‘Rockombia’.

Este año, con la dificultad de hacerlo en una ciudad que no parece estar hecha para estos menesteres, Bar lanza su primer álbum. Sin el apoyo de otras propuestas, pero con la convicción terca que otorga la creencia en lo que se hace, ‘¡Oh Gloria!’(así se titula), se lanza al vacío con “rock n’ roll, funk, folk y bossa nova, junto a letras pletóricas de ironía, literatura, crónica urbana, política y humor”, como paracaídas.

“Hacer un álbum por nuestras manos no fue fácil porque todos los de Bar estudiamos y trabajamos, y eso nos representaba grabar y tocar en altas horas de la noche y los fines de semana. Por otro lado, la financiación nos trajo muchas dificultades, y sin embargo, nos permitió hacer, decir y tocar lo que queríamos, sin obedecer más que a nuestro concepto”, comentan sus integrantes.

Para algunos estudiosos, el espíritu fervoroso de los locos y envidiables años sesentas, se fundamentaba en una generación de jóvenes que no habían sufrido los estragos de las dos guerras mundiales; contrario a sus padres, el hongo de la bomba atómica no estaba en sus retinas; y sin embargo, estos jóvenes olerían el napalm que arrasaba a Vietnam, sentirían la tecnificación y el consumo y verían su primavera extinguirse. Ellos, los jóvenes, a través de su música cimentarían la utopía con letras inconformes e inquietantes.

Quienes integran Bar eran apenas unos mocosos que iban a la escuela con pantaloncitos cortos cuando los muros se derribaron, se pisotearon las utopías y se prohibió soñar. Para los de su generación, Marx es un viejo barbudo, de rostro tozudo y obsoleto, a quien ni siquiera leyeron en el doctrinario y simplificador manualito de Nikitín y, citarlo, resulta un anacronismo imperdonable. Sin haberlo leído, Shakira no cree en él.

La música de Bar, a pesar del desencanto, no se suma a los cantos de sirena del consumo generalizado, no le hacen eco a la frivolidad de la mayoría de las actuales propuestas musicales. Sin llegar a ser una generación de la nostalgia, trasnochada, pues saben que hacen parte de Macdonalds, el after party y el ciberespacio, sus letras reflejan una preocupación por la sociedad actual, saben que el rock, como género, nació para inquietar, no para complacer.

Hay mucho de crónica urbana en la letra de sus canciones, caminan por la ciudad y tal vez la disfrutan, pero tienen los sentidos atentos para percibirla en su real dimensión.

Muy a pesar de la foto al interior de la carátula, en la que sus integrantes aparecen, con su ironía característica, en poses donde ocultan sus sentidos, son lectores activos de la ciudad, flaneurs, como Dostoievski analizando San Petesburgo, o Baudelaire, y luego Benjamín, mostrando las glorias y las miserias de París.

En el trabajo, la canción que mejor refleja la dualidad urbana y social de Cartagena es ‘Turistas’: Hay en la ciudad de la resaca y del sol, al centro unas piedras, monumentos del humor. Al lado de esas piedras, de los ‘muros invictos’a los que se le rinde un exacerbado culto, existe otra ciudad callada y acallada, y que el turista, con su olor a bloqueador solar y su pinta poco discreta, no conocerá.

Más allá del ruido de El Arsenal, hay otro ruido, otra memoria, otro goce y otra miseria convertida en souvenir. Se enclaustra el pregón libertario de la palenquera y el carretillero en los shopping centers y cocteles de lujo. El bárbaro exótico se exhibe domesticado y enjaulado.

La preocupación que además expresa la canción es que “hay en la ciudad, turistas, que son de acá”. Los turistas no son sólo de afuera, por la forma en que muchos cartageneros se mueven por su ciudad, parecen turistas. Bar nos invita a verla con siete ojos y a analizar lo sucia y hambrienta que es.

Se aprecia también en la canción un homenaje a los ‘otros’, lugares y bares baratos y acogedores, burdeles para presupuestos escasos. El extinto Cuatro Vientos, en la Calle de la Media Luna, donde se conseguían cervezas a precios modestos, atendido por un catalán que adora Latinoamérica y que se marchó aburrido de pagar mordidas a la policía. Allí el grupo tocó en dos ocasiones.

El amor por los lugares sórdidos o de mala reputación los llevó a lamentar el cierre de ‘Obsesiones’, un burdel con estriptiseras en la Calle Segunda de Badillo. Y, como un homenaje, en la última edición de la revista Ciclo, que editaban Tomás Betín y Juan Carlos Ensuncho, exvocalista del grupo, colocaron como portada una fotografía del sello de cierre impuesto por las autoridades distritales.

Los grupos de rock en Colombia han optado por la fusión, que incluye el reencauche de canciones tradicionales o por las letras fáciles y predecibles como los vallenatos contemporáneos. Otros -¿o más bien otros?- se han sumado al eco de la actual coyuntura nacional, han llenado sus letras de fervor patriótico y contenido épico, se han colocado manillitas tricolores y vuelto coloridas sus guitarras.

Bar sabe, en cambio, que detrás de eso se esconden muchas verdades. El supuesto amor a la patria exige unos sacrificios que perpetúan negaciones ancestrales. Si ser patriota riñe con la denuncia de las irregularidades, a Bar parece no interesarle ser patriota.

‘¡Oh Gloria!’, la canción que le da nombre al trabajo, parece una especie de himno nacional alternativo. La nación es una mujer de reputación dudosa que hace café, baila cumbia, no quiere regenerarse y olvida sus penas en la pasarela de los reinados de belleza: Amarillo el tul, taparrabos azul, tan roja tu boca, negra tu suerte loca. ¡Oh Gloria, inmarcesible y mortal!

Decir que la música de Bar se parece a la de Charly García, la de Fito páez o la de Soda Stereo, es casi una tautología. Sobre todo, porque ellos mismos lo reconocen. Son los sólidos muros sobre los que se encaraman para lanzarse al vacío. Lo malo es no tener modelos, lo malo es tener malos modelos. Sobre decir que en América Latina, el rock habla argentino. También hay de los clásicos, los infaltables, los de siempre, los que inventaron la cosa, The Beatles, The Rolling Stones, The Doors...

Bar tiene más de cinco años trabajando e intentando no traicionar su estilo, sus letras. Tendrían más éxito si se dejaran formatear y compusieran canciones con símiles fáciles y ligeros, donde se comparan mujeres con lunas, soles y estrellas, pero tienen claro, como Artaud, que lo importante es no dejarse meter en el ataúd.

Lo de Bar es rock, cine, literatura, crítica... es un canto a la vida con sus dilemas y sus miserias, como suele ser. Sin maquillajes. Lo que hay detrás del callejón, aquello con lo que quedamos cuando cerramos la puerta del baño y nos paramos frente al espejo. Allí, somos nosotros. No hay con quien fingir. La pose es para nosotros mismos. La dualidad de los otrora radicales, que ahora cantan las canciones de Silvio Rodríguez desde el confort del aire acondicionado de sus carros último modelo, mientras baten la mano izquierda agitando sus rólex.

Bar nos hace mirar al ombligo, nos obliga a escuchar lo necesario, no barre debajo de la alfombra. Es una propuesta de respeto al público, pues no lo asume como una masa descerebrada que sólo quiere oír aquello que no obliga a pensar. Bienvenido Bar, los sentidos de la ciudad.

(Publicado en el diario local, El Universal, el miércoles 23 de abril de 2003)