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El cantautor

Tomás Betín nació en Cartagena de Indias y Negras el 2 de abril de 1978. Es un cantautor independiente que en sus álbums suele pasearse, más hilarante que reverente, por diversos géneros musicales y temáticas líricas, cantando tras el teclado o la guitarra y acompañado de su cuarteto de Las Malas Compañías, conformado por Nino Rodríguez en la guitarra y los coros, Luis Guardela en la batería y percusión y Lego Álvarez en el bajo y los coros.

Compone canciones desde los 12 años. Fue músico en la orquesta de los policías bachilleres. Entró a estudiar periodismo, trabajó como practicante de redacción en la sección cultural del periódico local El Universal y estuvo seis meses en la Oficina para los Reinsertados de la Violencia en Bolívar. Es columnista del periódico Panorama Latino, de New Jersey. Estando en la universidad, conformó con tres amigos la agrupación Bar, con la cual grabó en el 2003 como compositor, vocalista, y bajista el trabajo discográfico, “¡Oh Gloria!”. En este disco aparece la canción “Viernes 13”, en homenaje a Jaime Garzón, cuyo video hizo parte de la muestra artística “Música Contra la Guerra” de la ONU, y con el cual el grupo se hizo medianamente reconocido en algunos circuitos musicales de las ciudades colombianas. Su música rotó por el Canal Caracol, City TV, Teleantioquia, Radiónica, Canal Cartagena y Telecaribe, entre otros. Medios escritos como Semana, El Tiempo, Shock, El Mundo y El Universal, entre otros, reseñaron el grupo. Bar decidió separarse en el 2005 después de más de 100 conciertos, un álbum y tres videoclips.

Betín emprende en el 2006 su camino como solista con el trabajo “Su sana forma de darme su amor”. Se radica a principios de este mismo año en la ciudad de Bogotá para iniciar la promoción y toca en la inauguración del Festival de Cine de Cartagena, Fundación Gilberto Alzate, Mambo, Museo Nacional, Plaza de la Aduana de Barranquilla, y en numerosos bares y escenarios del país. En marzo de 2007, hace parte de los artistas invitados a los conciertos del IV Congreso de la Lengua Española, junto a Fito Páez, Carlos Vives, Las Alegres Ambulancias y Tania Libertad, entre otros. Registran el álbum medios como El Espectador, Revista Cambio, Shock, Carrusel, Señal Colombia, Noventaynueve, Aguaita, y empieza a sonar en Laúd Estéreo, Radiónica y UN Radio, entre otros, mientras el Canal Caracol incluye sus temas en la serie televisiva "Tu voz estéreo". Portales internacionales como Sinfronterarock.com(Argentina), ManerasdeVivir.com(España), Trovamex.com y Trovando.com(México), rotan su música en la red.

Ha compartido escenario en distintas ocasiones con Cementerio Club Band, Roberto Camargo, Alejo García, Andrés Correa y Jorge Arana, entre otros.

 

El álbum

Por Tomás Betín

Este título para el álbum, que no es un  álbum en realidad, sobreviene de un grupo de canciones que hice en diferentes tiempos a lo largo de los últimos cuatro o cinco años y que sólo les puse como nombre de confluencia, "Su sana forma de darme su amor", porque me sonó, por supuesto, juguetón. Y ese puede que sea el espíritu -terrenal- de todo el disco, aprovechando lo nominal y anecdótico de una de las canciones, la canción a la susodicha Susana, que alude a la perfecta groupie musa prestada.  

No están concebidos los temas para ser notorias protestas sociales ni precisas propuestas comerciales. Simplemente son el resultado natural de una “sana” libertad de creación que me permite desaburrirme de mí mismo y de los motivantes esquemas. Son canciones del alma, hechas con más calma, que no son bobas, ni están al servicio del “mal del mundo”. Son músicas y letras sobre diversos temas: el amor, el humor, la injusticia y los injustos, el dolor, la locura, la sensualidad y la muerte.

“All you need is love”, dijeron los Beatles, y es cierto. La palabra “amor”, tan sólo en su condición de palabra, es muy poderosa a través de todas sus variables y aplicaciones, por eso le puse así al segundo track y al disco, y decidí que ese segundo era el primero que había que mostrarle a la gente.

La robada teoría del “mal del mundo” es lo contrario a la del “love is all you need”, y su praxis es el hábito de todas las cosas que se hacen sin alma, que se hacen sólo con el impulso premeditado de ganar dinero a cualquier costo, de adquirir poder, fama, vanidad y otros pecados postcapitales, y va desde hacer música hasta fabricar plásticos en una empresa, desde vender gafas en la playa hasta escribir guiones para televisión. Y en el caso del arte su alcance es nefasto, porque tienes la posibilidad de influir directo a la cabeza y al corazón de mucha gente, y si le haces el juego a eso, terminas siendo un perpetuador de los artificios de nuestro tiempo, acabas por publicitar el consumo, la banalidad, la indolencia, la belleza inútil y las modas pasajeras. Y es posible, en cierta medida, que resulten peores conductores de nuestra sociedad estos comportamientos que el terrorismo o la delincuencia, y quizá hasta los originen en el enfrentamiento con las dramáticas carencias de mucha gente en el planeta.     

Así que hacer estas canciones provistas de amor me pareció bien.

Por eso el primer tema, “Shakespeare”, pasó de ser una broma sobre los clichés de las canciones de amor a convertirse en una de ellas. “Su sana forma de darme su amor” es un tema sensual, de mucho juego, jugo y sabor. “Tu querer en el viento” es un tema que nos gusta tocar –a la banda- y que está en otro ámbito de expresión con respecto a los demás. “Interior noche” es una bonita historia con la ventaja de la simpleza interpretativa. “Caja menor” es la historia real y del día a día de los niños de la calle, y lo único que me acuerdo del niño que la inspiró es que cargaba un muñeco de Bátman por toda la Avenida San Martín. “Let’s play” fue un intento de burlarnos de nosotros mismos, de Bar, como banda supuestamente contestataria y otras cosas más, cuando se empezaban a llenar los conciertos de niñas de buena familia. “No me jodas” es la canción más puesta en perspectiva contra el sistema de gobierno del mundo civilizado, el cual carece de toda sensibilidad. “Canción irreal” es posiblemente un atisbo de lo que opinen los muertos de la guerra en Colombia y de nuestros reyes. “Dr. Oga” intercede por la legalización de las drogas como camino hacia las libertades y hacia el fin de una de las violencias más en boga. Y “Libia”, hecha en vivo con un primitivo pianito rhodes, es un regalo para Libia, quien es un regalo para mí.    

Me gustó hacer las canciones sin pensar en un género musical, sólo en música. Aunque me no me disgusta pensar que provienen del rock n’ roll, también soy consciente y disfruto siendo consciente del Caribe y el folclor colombiano.

Dos meses después de haber terminado de grabar los diez tracks, pum, se terminó Bar, el grupo con el que supuse íbamos a sacarlo –y que hubiera sido nuestro segundo álbum-, entonces tenía tres opciones: guardarlo en un cajón, sacarlo con el nombre de un grupo que ya no existía o sacarlo con mi nombre. Y me sonó rarísimo, altanero y avasallante, pero ahí está.

Las guitarras y segundas voces son de Nino Rodríguez, y las grabó con su acostumbrado prodigioso oído y su creatividad alucinante; el bajo es de Norbey Cervera, un bajo de buen apellido, buena música, buen estar y siempre un muy excesivo ambiente; las baterías de César Caballero, uno de los Wayové, exactas, llenas de sabor y color; privilegiadamente nos acompañó el solo de piano rhodes de Andrés Licero en “Su sana forma de darme su amor”, y mis respetos no son suficientes para agradecerle; también en esa canción estuvimos con Flor Olarte, la bella y expresiva voz que salva mis desaciertos; en “Interior noche” estuvo mi gran amigo, Juan Ensuncho, a quien quiero de verdad y admiro aunque sea poeta; y en ese mismo tema estuvimos con Rodrigo Araújo, un músico desde el alma, de los que hay muy pocos ya; igual el “Boronó”, Gabriel Jiménez, con su trompeta nocturna, hizo que el tema quedara muy bello; yo, por mi parte, compuse los temas -tres de ellos en compañía-, grabé los teclados y la voz; y, por último, estuvo Javier Duque, siempre generoso y paciente, con su buena nota, grabándonos y mezclando el disco, que luego masterizaría en Bogotá con Toño Castillo.

El diseño gráfico y las fotografías son de Edgar Garcés, un artista del arte, un irreverente bondadoso que hizo que la molesta sobre-exposición de mi imagen se viera menos mal. Y la resolución a dúo de la idea de las pastillas, nos resultó divertida. El amor como medicina y enfermedad, como aliciente y alucinógeno, que además funcionaba muy bien gráficamente en un invierno de pepas multicolores.

No me arrepiento de poder ser un atrevido hilarante que ahí les pone unas canciones, menos esquizofrénicas que yo, desde mi alma hasta las suyas, y bolsillos también, tan independientes como el disco, porque lo que necesitamos es amor, sano y de qué forma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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